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Titanic, cuando el hombre retó una vez más las fuerzas de la naturaleza, y perdió

Todo lo mejor se reservó para el crucero. Nadie podía viajar entre Europa y el Nuevo Mundo en un barco más grande, bello y lujoso

El hombre retó una vez más las fuerzas de la naturaleza, y perdió. Esta aseveración de Felicidad Saiz Escallada, que se recoge en el libro La cocina del Titanic, de los autores Alejandro Sicilia, David Zurdo y Juan Agustín Rodríguez, nunca la hubiera hecho suya J. Bruce Ismay, propietario de la White Star Shipping, cuando mantuvo una reunión el año 1907 con el lord Pirrie, presidente de los astilleros Harland and Wolf, de Belfast, en Irlanda del Norte. Ismay, que hizo conocer su deseo de construir tres supertransatlánticos para recuperar la primacia en los transportes oceánicos, donde las líneas mantenían una dura competencia con la poderosa compañía Cunard, de ninguna forma podía llegar a pensar que cinco años después de aquella reunión inicial de su proyecto de contrucción de tres barcos de lujo para atraer los clientes más ricos pero que también debían transportar pobres emigrantes a la búsqueda de un futuro en América, iría a la ruína su buque insignia, el Titanic (Royal Mail Steamer), el más grande nunca construído.

Era tan ambicioso el proyecto hecho realidad, que la categoría de sus instalacions podían competir con los mejores hoteles de París. Disponía de cabinas amplias de más de un aposento y cuarto de baño privado, grandes salas, gimnasio, sala de squash, baños turcos, ascensores, zonas de paseo y toda clase de comodidades. En todo se emplearon los mejores materiales: telas de calidad incomparable, vajillas de plata y oro, y maderas nobles. En el accidente con el iceberg que propició el desastre, fueron cinco los compartimentos inundados. Después de un análisis exhaustivo de Andrews, quedó patente que el barco se hundiría sin remedio, tal y como fue comunicado al arrogante capitán Edgard John Smith, el cual con su orden de navegar a toda máquina en un mar en deshielo, con un alto riesgo de colisionar con un iceberg, como de hecho pasó, favoreció que la vía de agua excediera las dimensiones máximas admisibles.

La noche del 14 de abril de 1912, el Titanic viajaba a 22,5 nudos de velocidad, surcando el océano majestuosamente. Los vigilantes observaban el horizonte a la búsqueda de icebergs peligrosos, puesto que era época de deshielo. Unos minutos antes de los 23,40 horas, uno de los guardias divisó una gran masa de hielo en la lejanía. Avisó del hecho al puente de mando, donde el primer oficial Murdoch dio orden de virar a todo babor e ir a contramarcha. Pero con la enorme masa y a una velocidad alta, el barco fue incapaz de maniobrar a tiempo y no pudo esquivar el iceberg, con el cual colisionó. Como consecuendia, a estribor se abrió, bajo la línea de flotación, una vía de agua de unos 100 metros de longitud.

El golpe, que se produjo a las 23:40, no fue muy duro. De hecho, el casco solamente frotó con el iceberg. Nadie pensó al comienzo que los daños producidos fueran demasiado graves. Al darse cuenta de la existencia de la vía de agua, el primer oficial Murdoch dió orden de cerrar las compuertas herméticamente de los compartimentos estancados. Esto, no obstante, en pocos minutos empezaron a inundar las zonas más bajas del barco. El capitán Smith, que se había retirado a descansar a su cabina, volvió a encabezar el mando al ser informado del choque. En el último viaje antes de la jubilación, el capitán Smith murió, en un trágico final con una carrera impecable, en la cual no había sufrido ningún percance grave. Conjuntamente con él, murieron 1.501 persones más, la gran majoría pobres de 3ª clase a los cuales sólo se les permitió salir a la cubierta cuando los pasajeros de primera y segunda clase habían sido evacuados. Solamente 705 persones salvaron la vida. Havían estado evacuados.

AUGUSTE ESCOFFIER DISEÑO LA CARTA DE RESTAURANTE

Todo lo mejor se reservó para el Titanic. Nadie podía hacer el viaje entre Europa y el Nuevo Mundo en un barco más grande, bello y lujoso. Y la cocina había de estar a la misma altura. Los mejores platos, saboreados por los pasajeros de primera clase, habían sido diseñados por el célebre cocinero francés Auguste Escoffier, denominado padre de la nouvelle cuisine. Y, a bordo del Titanic, el segundo oficial en rango de todo el barco era el cocinero en cabeza, Henry Tingle Wilde. En total, las casi cuarenta cocinas del Titanic eran atendidas por más de cien personas entre cocineros, ayudantes, carniceros, pasteleros, panaderos, supervisores y encargados. El oficial, que tenía el mando de todo este personal, era el referido cocinero jefe, Henry Tingle Wilde. Por debajo de él se encontraban los chefs, C. Proctor y P. Roussesu, y sus ayudantes, J. Bochetez y P. Mauge, y también los encargados del café Parisien, L. Gatti Y W. Jeffery. Los platos de la carta del Titanic fueron. Entrantes: entremeses variados y ostras. Cremas y consomés: consomé Olga y crema de cebada. Pastas y arroces: espaguetis gratinados y arroz hervido. Pescados: salmón con salsa mussolina y cocombre y filete de lenguado al curri. Carnes: filete mignon Lili, cordero con salsa de menta, cordero asado y ternera guisada. Aves: salteado de pollo lionés, pato asado con compota de manzana y paloma asada con berros.

Enric Ribera Gabandé

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